Uno y su bullida,
su muda bullida.
Uno y su desprivasidad,
su expuesta desprivacidad.
Uno y su opinión,
su desinformada opinión.
Uno y su libertad,
su esclava libertad.
Uno y su apatía,
su amable apatía.
Uno y su tempestad,
su plácida tempestad.
uno y su nadie,
su pavorosamente nadie.
El último verso pertenece a Gonzalo Rojas.
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