Eres como silueta que se ve,
pero no se toca
Rápido desapareces
cuando mis ojos como radares
buscan tus señales
Tu experticia es afrontar
situaciones tormentosas
Como el camaleón que
cambia de color,
tu sentir varía.
Vas y vienes fría,
capaz de helar con tus manos
lo que tocas.
Mujer te haces
ante la sonrisa del infante.
Cariñosa en las manos de tu compañero.
Sin expresión
para los que formas.
Nunca supe como amabas,
pero juro lo sentí.
Quisiera saber
qué te hizo sembrar frialdad.
¿Acaso fue el color de tus padres
O aquel régimen cambió
eternamente tus primaveras?
¿Será que tanto te marcaron
los primeros pasos junto al viejo?
¿Será que te sentiste sola
o diferente al pensar?
Te pareces tanto ella,
dice mi padre.
Al describirte
pareciera verme al espejo.
Eres buena y bondadosa,
una madre a imitar.
Me ensañaste
a hacer mucho teniendo poco,
me adiestraste en el arte de la lucha,
a pelear por lo que es nuestro.
A decir te amo
sin palabra alguna.
Me enseñaste a ocupar las manos
cuando no se tiene
Y a usar la cabeza
cuando se cree perdido.
Lo que soy hoy,
tiene que ver contigo,
Lo que seré mañana
florecerá de lo que me enseñaste
y aun no ocupo.
Quizá no hay presente,
ni lo habrá nunca,
Pero lo que sentimos
no se expone con palabras,
Pues ambos sabemos
que el viento termina por llevárselas.
El amor
entre nosotros no se expresa,
se aplica.
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