jueves, febrero 9

Patricia

Eres como silueta que se ve, 
pero no se toca
Rápido desapareces 
cuando mis ojos como radares
 buscan tus señales
Tu experticia es afrontar 
situaciones tormentosas
Como el camaleón que 
cambia de color, 
tu sentir varía.

Vas y vienes fría, 
capaz de helar con tus manos 
lo que tocas.
Mujer te haces 
ante la sonrisa del infante.
Cariñosa en las manos de tu compañero.
Sin expresión 
para los que formas.
Nunca supe como amabas, 
pero juro lo sentí.

Quisiera saber 
qué te hizo sembrar  frialdad.
¿Acaso fue el color de tus padres
O aquel régimen cambió 
eternamente tus primaveras?
¿Será que tanto te marcaron 
los primeros pasos junto al viejo?
¿Será que te sentiste sola 
o diferente al pensar?

Te pareces tanto ella, 
dice mi padre.
Al describirte
pareciera verme al espejo.
Eres buena y bondadosa, 
una madre a imitar.     
Me ensañaste
a hacer mucho teniendo poco,
me adiestraste en el arte de la lucha,
a pelear por lo que es nuestro.

A decir te amo 
sin palabra alguna.
Me enseñaste a ocupar las manos
cuando no se tiene
Y a usar la cabeza 
cuando se cree perdido.
Lo que soy hoy, 
tiene que ver contigo,
Lo que seré mañana 
florecerá de lo que me enseñaste 
y aun no ocupo.

Quizá no hay presente, 
ni lo habrá nunca,
Pero lo que sentimos 
no se expone con palabras,
Pues ambos sabemos 
que el viento termina por llevárselas.
El amor 
entre nosotros no se expresa,
se aplica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario